GastroCultura

Los turrones también tienen sus tendencias

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En época de modas y tendencias gastronómicas, los turrones no se quedan rezagados. Algunas (modas) son efímeras y otras han venido para quedarse y modificar tradiciones. Estas son algunas tendencias turroneras que apuntan para las fiestas desde el Gremi de Pastisseria de Barcelona. Papel y boli.

  1. Precios contenidos. La barra de turrón artesano, de unos 300 gr, se mantiene  entre los 12 y los 15 euros de media a las pastelerias catalanes. Si se quiere calidad, hay que rascarse el bolsillo un poquitín. Precios muy lejos de los 2,5 o 3 euros de los turrones industriales (los del super).
  2. Diversidad e innovación. Como con los panellets, los turrones innovan en sabores extraños. Claro que los de crema cremada, jijona, los turrones trufados y los de praliné están ahí, pero nuevos sabores inhóspitos  luchan por abrirse camino en los escaparates de las pastelerías. Desde los simpáticos turrones de cookies y caramelo, a otros más atrevidos como  los de chocolate y ¿quicos?, yogurth y frambuesas, o creaciones exóticas como los de gin-tonic, pinya colada, mango, mandarina o manzana. Esfuerzo creativo y trabajo artesano sin conservantes ni colorantes artificiales pero sí con uniformes propios de una carta de coctelería. Si tenéis que llevar turrón y buscáis turrones creativos con los que acertaréis seguro, los de Lluis Costa ( Vallflorida Xocolaters) y los de Enric Rosich (La Illa o Bulevard Rosa) o los de Jordi Bordas que podéis encontrar en la Fàbrica Moritz der Sant Antoni.
  3. Diversificación. La Navidad ya no se lee tanto en clave turronera y polvoronera. Hay que reconocer que el turrón tiene un allure viejuno que tanto atrae como repele. Por eso (y también porque nos encanta adoptar tradiciones extranjeras) el panettone es el nuevo fetiche de muchas mesas navideñas. Así lo atestigua un concurso que coronaba recientemente el mejor panettone de España y que fue a parar a la pastelería de Yann Duytsche en Sant Cugat del Vallés. Reconozcámoslo, esta –en apariencia- inofensiva mega-madalena es más molona que la barra de turrón y apetece para desayunar con el cafelito del día siguiente. Aunque son incontables las pastelerías que elaboran de forma artesanal este dulce típicamente italiano que se cuelga bocabajo para acabar de afinarse; algunos ejemplos: Panes creativos, Foix..
  4. No solo de turrones vive el hombre. Recuperando la pastelería salada. Quizás por la crisis o porque las macrofiestas ya huelen a tufo, en los últimos años se ha vuelto a celebrar en casa la noche de Nochebuena y la de Fin de año. ¿Y cómo sienta la pastelería salada a medianoche después del cava? Pues eso, que hay que aprovisionarse de un par de bandejitas para el resopor.
  5. Turrones ligeros y más pequeños. Las barras de turrón han ido menguando y eso es una doble ventaja. Primero, ayuda a que no acabemos comiendo sobras el último día de fiestas de –probablemente- el turrón barato, ese que nadie se ha querido acabar y, dos, permite probar más sabores.  En la línea por la creciente preocupación dietética, los turrones se elaboran con menos azúcar y, en muchas pastelerías, es posible encontrarlos sin gluten y libre de algunos alérgenos.
  6. La misma corriente de revalorización del producto artesano y local, ayuda a que los consumidores valoren mucho más los turrones artesanos y apuesten por comprarlos en pastelerías premiando así el comercio local.
  7. Las ventas aumentan año a año. Nos quitamos de muchas cosas pero no de los turrones en Navidad. Este año el Gremi de Pastisseria de Barcelona dice en su nota de prensa a medios que aumentaran las ventas un 3% respecto al año pasado, esto son, unas 628.000 barras en Barcelona y provincia y 1,05 de barras en  Catalunya.

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