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Sergi Arola cierra su dos estrellas Michelin en Madrid

El chef Sergi Arola en la cocina de uno de sus restaurantes

El nombre de Sergi Arola fue uno de los imprescindibles cuando hace ya casi veinte años empezó a hablarse de eso que luego sería la nueva cocina madrileña. La renovación en la capital, la ‘alfabetización’ a la bulliniana, vino de la mano de un catalán. Si hace unos meses Madrid absorbía el genio de Ramón Freixa y se quedaba con la residencia del cocinero, hoy Sergi Arola dice adiós a Madrid (al menos de momento) y (pienso) quizás vuelva a tierras catalanas. Lo de volver, volver, es una manera de hablar para chefs-orbita, que tienen varios negocios en base a acuerdos con cadenas hoteleras en varias ciudades ( de Barcelona a Santiago de Chile, París, Sao Paulo, Bombay o Lisboa) y locales con su sello en pequeño formato aquí y allá que funcionan bien (la última apertura, el Vi Cool en el Hotel Aguas de Ibiza). Que tendremos Arola para rato, puede que sí; que nos hemos quedado sin un dos estrellas Michelín de un plumazo, también (ahora serán 11 restaurantes con doble relumbrón en la capital).

Así las cosas, muchos cantan que el cierre del buque insignia del chef catalán –ubicado en la calle Zurbarano, 31- era un deceso augurado largamente. Y no les falta razón. Desde su divorcio de la que fue durante casi 20 años su otra mitad (también profesional), Sara Fort, y de los problemas de impagos a Hacienda en 2013 deriva este precipitado cierre. Lo ha confirmado en un comunicado una de las agencias que apoyan a Arola en la difusión de sus negocios de restauración; la separación y los problemas con el fisco fueron clave para que el restaurante diera desde 2015 un servicio discontinuo. En declaraciones al diario El Mundo, Arola ha hablado sin tapujos asegurando que el cierre se debe al “hastío” personal con las situación sobrevenida porque llenar, llenaban. “Lo más honesto era acabar una etapa y ver cómo empezar otra” porque ninguno de los dos quería seguir con el proyecto a solas, ha expresado.

Arola dejó hace años de centrarse únicamente en la cilindrada de la vanguardia, la adrenalina de la primerísima primera fila y buscó crearse un sello propio. Prefirió quedarse en el box del tapeo lúdico, ese capaz de currarse una cocina que divierte y a la vez tiene fondo. Algunos le han visto más el don de la oportunidad y el ingenio que el del talento. Pero ahí están sus bravas –las famosas bravas Arola-, marca inconfundible plagiada, imitada y fusilada hasta el empacho.

Arola baja  la persiana a la brava (precisamente), como hiciera hace un par de años el mítico CanFabes. Con todas las distancias, salvados los baches personales, ¿A dónde va el universo Arola? Las últimas hornadas del exBulli team no deja de sorprendernos (Raurich, Castro, Xatruch, Casañ, Pablo Carrizo…), ¿la primera también lo seguirá haciendo?


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